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ECOLEPTIS

ECONOMISTA DEL MES

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Este mes vamos a descubrir a John Kenneth Galbraith (1908-2006), quien llegó a ser uno de los economistas más populares del siglo XX y cuyas teorías siguen ocasionando discusiones y proporcionando nuevo material de estudio entre investigadores de distintos campos dentro de las ciencias sociales.

Galbraith, como la mayoría de los grandes economistas, no fue solo un economista. Autor de novelas, articulista profuso, consejero de varios presidentes demócratas estadounidenses (desde Roosevelt a Clinton, pasando por Kennedy), embajador en la India...

En sus obras económicas, es famosa la teoría de la Tecnoestructura, que expone en “El Nuevo Estado Industrial” (1967). No lo fue menos su consideración visionaria de las necesidades inducidas por la publicidad y la influencia que ejercen sobre el consumo masivo que se produce en los países del primer mundo, especialmente en Estados Unidos. Esta idea fue recogida en su, quizás obra más popular, “La sociedad opulenta” (1958).

Nunca rehuyó el debate ni el enfrentamiento intelectual, en este sentido es famosa su continua disputa con Milton Friedman, quien ni siquiera reconocía en la obra de Galbraith la condición de “científica”.

Galbraith  es conocido también por su labor divulgativa con libros como “El dinero” (1975), o “El Crack del 29” (1955).

Para finalizar, un breve texto que podría haber sido escrito en la actualidad:

“Las características más obvias del proceso de especulación resultan de una claridad manifiesta para cualquiera que sea capaz de comprender. Cualquier artefacto o descubrimiento que parezca nuevo y deseable –los tulipanes de Holanda, el oro en Luisiana, la propiedad inmobiliaria en Florida, las magníficas ideas de Ronald Reagan en materia económica- capta el pensamiento financiero o, para más precisar, lo que pasa por tal. El precio del objeto de especulación aumenta. Los valores, la tierra, las obras de arte y demás propiedades adquiridos hoy, mañana valdrán más. Este incremento y las perspectivas atraen a nuevos compradores, los cuales determinan una nueva alza. Entonces aún son más los atraídos, que también compran, y la subida continúa. La especulación se construye a sí misma y se proporciona su propio impulso”

“Breve historia de la euforia financiera” (1990)

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